Mind over matter

El jueves me pesé antes de empezar mi rutina en el gimnasio. He bajado casi 8 kilos en dos meses aprox. Para mí una sorpresa, entrenaba sin darme cuenta de más.

Dentro mío nunca me he visto gordo. Pero a la vez, sabía que no estaba en mi peso y menos aun, que estaba como yo quería estar. Probablemente el que no se me notara tanto ayudaba. Aunque pienso que influyó más el que me quedé con la imagen del tiempo que hacía deportes año tras año : entrenaba unos meses hacia fines del verano, para luego trekinear o escalar en temporada. Y eso, junto con movilizarme en bicicleta a todos lados era suficiente.

Claro, uno no hace trekking sobre una vereda, sino subiendo y bajando valles y montañas en camino hacia algún punto y ese esfuerzo combinado con la altura más el peso de la mochila con equipo pues queman calorías a montones. Creo que eran algo de 5000 a 8000 calorías al día para los días de 6 a 8 horas de camino más difícil, que serían hasta 1000 m de desnivel de un punto a otro -no recuerdo exactamente. Y escalar es aún más demandante. Inclusive comiendo huevos revueltos en mantequilla y sublimes o snickers perdíamos peso.

No, si no era poca cosa.

Empezando a practicar / trabajar en ciudad es fácil olvidarse del tema. Más aún cuando sabes que de entrenar bajas, pues has visto tu cuerpo responder al ejercicio. Pero el peso no es en sí mi objetivo, sino estar en forma para unos viajes que quiero hacer, además de verme como me veo dentro mío y que es como antes me veía.

Así que ahí voy avanzando en una de las cosas que he me propuesto para este tiempo.

La dieta no es complicada, básicamente ingerir proteínas, máximo una taza de carbohidratos / harinas, una fruta y/o ensaladas en cada comida. El cambio ha sido dejar la porción de arroz del plato de fondo del almuerzo por un tazón de ensalada y servirme la pieza de pollo o carne sin la salsa del guiso. No es una gran alteración a mi presupuesto.

Debo confesar que no me cuesta mucho hacer dieta; con tal que tenga mi comida a la hora que me siento a la mesa, no tengo problemas con ver en la calle churrascos montados con papas fritas, helados, tortas, chocolates o lo que fuera, incluso así tenga hambre. Mi punto débil está en el momento que me siento a la mesa; si ahí por convidarme o darme a probar algo me lo pones en frente, tiendo a probarlo. O comer un poco. Fuera de eso, nada. Así mi almuerzo sean puras ensaladas.

Probablemente de la época que fui vegetariano o de las que estuve bajo dietas de competencia -osea para aumentar el rendimiento- uno llega a tener otra actitud hacia la comida. En esos momentos el ver un mousse de moras o un cheesecake de cerezas (uno de mis postres favoritos) o lo que fuera me traía la sensación de las calorías que ingeriría y de la grasa, y que aunque agradable, eso no era bueno para mi. Y me provocaba un cierto rechazo. Y no lo comía. Ni a solas. Esto es algo que me ha sido difícil compartir, cada que lo contaba nadie lo entendía; supongo que es una de esas cosas que tienes que vivir para entenderla. Es un tipo de control sobre las cosas, o lo que las cosas parecen ser. Experimentar que el placer de la comida no es el único placer, ni que tampoco es esencial te da una distancia con las cosas que te permite ser menos víctima de tus propios apetitos.

Control. Sobre el cuerpo y sus urgencias.

Para manejarlas a elección o, simplemente, darles rienda suelta.

Oyendo DCD the cardinal sin.

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