Un bagel

Mientras cruzaba la avenida regresando con mi bagel matutino rompía el alba. Un color ligeramente azul encendido aparecía sobre la línea de edificios que rodea mi oficina.

Sonreí casi instantanemente.

Ver el comienzo del dia hoy que es un dia despejado, sin nieve ni lluvia y con un ligero frío me llevó a tantas otras veces que he visto el día en un clima así. Particularmente en Huaraz, aunque en la sierra en general. Tantas veces después de salir de bailar o de tirar o de juerguear, amanecía. O de camino a buscar uno de esos desayunos con jamón serrano y panes de la zona, amanecía. Deliciosos.

Realmente ver el amanecer con un clima como el de hoy me evoca muchas memorias. Luego, mientras descansaba me preguntaba si esa reacción querría decir que extrañaba el Perú.

Ya antes me han preguntado eso e inicialmente me fue un poco difícil entender lo que sentía al respecto. Hasta que me di cuenta que ya extrañaba “el Perú” aún estando en Perú.

No se trataba en particular del país sino de las experiencias que he tenido o las cosas que he vivido en ciertos lugares allá. Lo mismo con la gente, hay cierto tipo de personas con quienes ciertas cosas pueden darse y no con otras, e.g. no es dificil encontrar alguien y tener sexo, pero encontrarse con alguien con quien pasas 2 o 3 dias practicamente en la cama, solo saliendo a comer algo eventualmente pues no pasa con cualquier chica. Independientemente que ella sea Miss Universo o Miss Iquitos. Una química así no es algo de todos los días. Del mismo modo hay ciertas conversaciones sobre uno mismo, sobre el otro, sobre incluso la vida o las ideas que no pueden darse si la otra parte no tiene algo que decir al respecto o más aún serán tanto más interesantes en cuanto la otra parte tenga en efecto algo que decir sobre el tema. Este es otro tipo de química, intelectual o existencial quizá, por llamarla de algún modo.

En Lima estaba ya un poco aburrido de lo mismo. No pasaba nada emocionante. O solo muy de vez en cuando. Parte de mi viajar en Perú y de mi venir acá esta muy ligado a eso.

Recuerdo que algunas semanas después que llegué iba en el metro y en una estación subió un tipo de alrededor de 50 años y contextura media. Lo particular es que el tipo llevaba un mohawk azul, una vieja casaca de cuero llena de parches, imperdibles, metales y otros ornamentos, y unas botas de cuero negro con la bandera de Inglaterra en la punta. Era un punk.

No, no es que yo espere llevar un mohawk a esa edad, o tener una barreta en el tabique o un piercing en el glande, pero al verlo no pude evitar darme cuenta que si él tenía espacio aquí de seguro que yo también lo tengo. Y me sentí en casa.

Hay cosas que me hacen sentir cómodo aquí.

Pero también me doy cuenta de ciertas rutinas que yo ejecutaba en mi tiempo libre y que aquí no tengo. Y allí hay un vacío. No todas las rutinas son negativas.

Por ejemplo, latear cruzando un largo parque lleno de gente una tarde soleada camino a la cevicheria donde iba a almorzar los domingos cuando me levantaba tarde. En la repetición uno llega a experimentar una cierta familiaridad que a la vez da un cierto confort. Era como un lugar ya familiar, habitual y confortable. Hasta una de las meseras ya me conocía con solo verme.

Aquí todo es aún relativamente nuevo, aunque puedo imaginar que en el tiempo el restaurant que ofrece los bagels pasará a mi repertorio de lugares “conocidos” y se convertirá en una de esas agradables rutinas. Como ya lo es el pollito portugués grillé que venden en St-Laurent.

El sabor del queso crema que usan para los bagels no es para menos.

Y al parecer los bagels de Montréal son algo especial, hasta tienen una mención en la Wikipedia

Bagels

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One thought on “Un bagel

  1. Siento cierta añoranza en tu relato, hay una nostalgia que rodea todo, desde el relato del amanecer y tu caminata, desde tus referencias a la sierra y tu vida en Lima; además eso lo uno con el tiempo de cambio del que vienes hablando desde hace unos posts, será justamente eso? será que sientes cada vez mas cerca que ya es momento de cambiar?.

    Entiendo que para ti el cambio es total, es país, ciudad, vida quizás; para mi son mucho menores, son imperceptibles para los demás, son pequeñas muertes y renacimientos personales.

    Me quedo con “No, no es que yo espere llevar un mohawk a esa edad, o tener una barreta en el tabique o un piercing en el glande, pero al verlo no pude evitar darme cuenta que si él tenía espacio aquí de seguro que yo también lo tengo. Y me sentí en casa.”; alguna vez escuché, que el hogar está donde está el corazón.

    Te deseo que encuentres el sitio para ponerlo.

    Nos leemos.

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