crack crack

Vous êtes profondément attache a votre famille et a votre foyer

Y estando en Montreal la versión en inglés se encuentra al dorso:

You are deeply attached to your family and home

Estoy en la zona cercana a la Concordia, una de las universidades de Montreal, terminando un opulento tallarín thai con mariscos. El sabor y la presentación me hacían evocar los restaurantes del barrio chino por la calle Capón que tanto me gustaban y donde iba incluso solo a disfrutar de la variedad de platos y pasteles del lugar.

Vine aquí por un disco duro nuevo y un “usb” como le llaman a las memorias usb que están en oferta en una nueva tienda que acaba de abrir y estando aquí se me ocurrió almorzar antes de ir a la oficina.

Esta zona, en general la calle Ste. Catherine, tiene una serie de tiendas, restaurantes de todos lados, boutiques y demás que son un punto para pasear o ver que hay. Se siente una zona con vida, movimiento y a la vez algo relax, no con el stress que uno ve en una calle del barrio financiero durante horas de oficina. Mientras caminaba hacia este restaurante pensaba que me gustaría mudarme por aquí. Estando en la ciudad los lugares que mas me han gustado para vivir son los que están cerca a zonas con movimiento pero que son en si tranquilos. Uno puede relajarse en casa pero tiene acceso a todo.

Los camarones entre cocidos al vapor y salteados a la plancha tienen un sabor buenísimo. Casi revientan en la boca al morderlos. Me doy cuenta que como muchas cosas quizá no es solo el barrio chino y sus buffets o las escapadas a almorzar después de (…) lo que pinta mis recuerdos es también el hecho de que eran como pequeños rituales, placeres de fin de semana, o escapadas que formaban parte del “mundo feliz” que había construido en mi vida allá. Darme el tiempo de salir con la idea de comer un tipo de comida pero sin saber a que restaurante iré, y pasear un poco -aunque la zona no sea una belleza, entre las construcciones de apariencia colonial, los comercios y la gente la zona tiene una cierta personalidad. Quizá es un gusto adquirido. O como una cara fea que con el tiempo no nos parece tan atroz.

Sin embargo a pesar del tiempo que llevo aquí no tengo recuerdos de esa plácida índole aquí. No es que extrañe en particular lo que describo lineas arriba pero noto que no es lo mismo. No necesariamente es el lugar, ya me ha pasado que al cambiar de ciudad en Perú memorias muy gratas no pasan a formar parte de un repertorio de recuerdos que vienen por si mismos o que uno evoca posteriormente.

Se me ocurre que como en otros aspectos de la vida hay años plásticos, donde uno es mas moldeable o sensible a lo que uno experimenta en ellos.

Puede que mis años mas plásticos hayan sido allá y esas memorias son parte de lo que evoco durante este almuerzo.

O puede que no este logrando la placidez del disfrute de las cosas aquí al mismo nivel que alcance en otros lados. De ser así, las cosas no tendrían la suficiente fuerza, o la suficiente suavidad, para impregnarse en mi repertorio de memorias.

Una quebeca en una minifalda cortísima entra y se dirige al otro extremo del restaurante. Hay varias mesas libres al centro, pero al parecer ella también quiere una mesa al lado de la ventana. Tiene la piel bronceada que contrasta con el color negro del la mini y destaca aun mas la forma de sus piernas. Se sienta, de perfil primero, para luego girar sobre sus caderas sin separar las rodillas. Coge el menú, me mira y me sonríe cortésmente tensando los labios pero sin mostrar los dientes, para luego continuar con las varias hojas de la carta.

Oh well.

La galleta no acertó sobre el apego.

Y como tantas otras cosas me habré olvidado de la quebeca y de sus piernas después de escribir este post.